martes, 12 de diciembre de 2017

Inaugurado el Belén del Cambio Climático de Mensajeros de La Paz.

EL PAPA, DONALD TRUMP, LAS RENOVABLES Y LOS INCENDIOS DE GALICIA, PROTAGONISTAS

El 'Belén Solidario' de San Antón, un "clamor contra la destrucción medioambiental"
Ikella Alonso: "Este planeta es nuestra casa, y si no la cuidamos, nos quedamos sin ella"

"Un clamor contra la destrucción medioambiental". Así definió el presidente de Mensajeros de la Paz el Belén Solidario 2017, que este mediodía se ha presentado en la parroquia "24 horas" de San Antón. Un nacimiento hecho de figuras de cartón recortables, aparentemente muy sencillas, sin colorear, pero que muestran la realidad descarnada del "Belén del cambio climático".
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El Belén solidario está situado a los pies de la Virgen, frente a la capilla en la que, aún hoy, se puede contemplar el dedicado en la Navidad de 2015 al niño Jesús Aylan y el drama de los refugiados. En años anteriores, su autor, Ikella Alonso, también ha querido mostrar la situación de los sin techo o los migrantes y la crisis del Ébola, hoy tan olvidada, pero presente. "Es el cuarto belén que se realiza, y como el resto, también queda abierto", señaló Alonso.
Así, cada figurita representa el clamor del pueblo, que son los pastores, "los que tienen que tomar la palabra, salir con las pancartas y decir lo que la mayoría piensa", destacó el artista. "Este planeta es nuestra casa, y si no la cuidamos, nos quedamos sin ella".
Sobre un cielo que representa el mapa del mundo, surca una estrella que nos permite ver el portal, rodeado por la esperanza de un molino de viento y unas placas solares, el viento y el sol, las renovables, el futuro que viene de la Madre Tierra.
A la izquierda, un bosque quemado, y unos bomberos tratando de sofocar el incendio, en homenaje doliente a la catástrofe en Galicia y Asturias. A la derecha, el Papa Francisco con su 'Laudato Si', y el Donald Trump con el protocolo de París, quién sabe si tal vez en la esperanza de que no lo rompa. Es Navidad, y el niño Dios todo lo puede.
En el centro, los pastores, cada uno con un cartel, una denuncia de "lo mal que estamos tratando al planeta". Así, por las tierras de Belén llegan hasta el niño Jesús la contaminación, la pérdida de la biodiversidad, la escasez de recursos naturales, la falta de agua...
Para el padre Ángel, este belén quiere ser "una llamada a la solidaridad con los pueblos que han visto arder sus montes y con las personas que han perdido sus casas. Sólo tenemos un planeta, tenemos que cuidarlo". Una oración, y una promesa, también en Navidad, más actuales que nunca.


 Jesús Bastante, 05 de diciembre de 2017 

jueves, 6 de abril de 2017

Hoy se ianugura la exposición CAJAS DE OJOS en el Café Pombo


Las cajas se iban acumulando en la estantería. Poco a poco eran tantas que empecé a subirlas a lo más alto del mueble del salón. Sabía que eran para algo, pero no tenía la claridad de saber bien para qué. Dejé que el tiempo corriese, como suelo hacer con todo lo que luego se convierte en proyecto. Intuyo o puedo intuir que va a haber algún resultado del guardar estas cajas. Pero no hay nada seguro, tal y como es la vida misma. Nos movemos por intuición y pensamos que quizás algo puede que pase. Pero en verdad, todo es duda, incertidumbre. No es de extrañar que al final, todo se levante y genere una fuerza con la que uno no contaba ni en la intuición. Las cajas superan el centenar y ya no caben en el mueble, a pesar de que las he ido colocando en dos filas, una ciega, porque no se ve. Me paso el día colocando y ordenando, los libros, las cajas, los botes. No es tanto el placer de colocar sino el modo de la colocación. Puede que sea por colores, por autor o idioma, por simpatía entre autores o bien por el título. Pero no se cierra jamás el modo en que pueden ir colocados. Con las cajas pasa lo mismo. Manet tiene que estar con Picasso y también con Degas. Rembrandt cerca de Velázquez y Tiziano. A Warhol le pongo a un paso de Matisse y a dos de Gauguin. Coloco las cajas unas junto a otras, a la misma distancia para que ninguna se sienta con ventaja respecto a las otras. Colocar, ordenar, me lleva a pensar en Andreas Gursky, creo que él también lo hacía. Esas fotografías de mostradores donde los objetos, cada uno en su sitio, nos catalogan el espacio. Que bien se lo pasa, que quebraderos de cabeza para dar con la colocación “perfecta” y cuánto tiempo se nos va en estos asuntos(...).

(...)Las cajas, con su contenido secreto. Las cajas, carísimas. Las cajas, encintadas e imprimadas, esperando a que los ojos de un pintor se posen sobre ellas.

144 cajas, 288 ojos... +LOS TUYOS

Ikella
(Un día antes de la exposición)

martes, 14 de marzo de 2017

Nueva publicación "El arte en la palabra"


“Veronés”
Terisio Pignatti. Filippo Pedrocco

Editorial Akal. Madrid, 1992.
350 páginas.

Un elemento típicamente veneciano los relaciona todos entre sí –el color-, al tiempo que los diferencia: melodioso y difuminado aparece en Giorgione, intenso en Tiziano, luminoso como los fuegos de artificio en Bassano, dramático y visionario en Tintoretto. El juicio de los contemporáneos aísla entre ellos un estilo particular, creado por Paolo Veronés, el príncipe de la paleta cinquecentesca.

Para los críticos como Vasari, la creación artística más bella será aquella sabe tomar lo mejor de las distintas “maneras”, de la clasicista a la moderna.

Lo que más nos sorprende es el color, que busca aquí los tímbricos acentos del contrapunto: rosa-azul, verde-amarillo, rojo-verde pálido.

Persiste por lo demás en estas primeras obras aquel colorido tímbrico compuesto de colores claros y acidulados (verde-rojo, blanco-amarillo, gris-rosa), que no se propone parecer natural sino decorativo y manierista. A menudo una pincelada de luz ilumina los perfiles de los pliegues, aligerándolos, casi como preparación de aquello que será la evolución final, la síntesis de color y luz, o mejor, como también se ha dicho, de dibujo en color.

Un dibujo manierista, con sus líneas enredadas y la pincelada quebrada, pero fluida.

Los típicos colores del artista: rosa salmón, verde malaquita, plateado y dorado, amarillo y turquesa, carmín y rojo anaranjado.

Sus colores se cuentan entre los más intensos, preciosos y brillantes usados nunca por la paleta veneciana: rojos que destacan sobre amarillos y turquesas, verdes que brillan sobre carmín, ocres sobre negros y violetas, siendo un punto de luz cada color.

Pero ante el modelo tizianesco, de clasicismo monumental, se contrapone la conmovedora simplicidad del último Paolo, simplificado, e incluso esquemático, en el dibujo y en la composición. Veronés quiere de este modo representar el sentimiento sin el intermedio de los recursos académicos, desdeñando casi la tradicional plasticidad  del dibujo, para hacer emerger el hecho, el color y la luz del ambiente, en una simultaneidad existencial de visión que capta el profundo sentimiento de las cosas.

Ikella

8-mar-17